Pensión 65, un Programa del Estado Peruano que entrega una subvención económica a adultos mayores

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Nobleza y coraje en Ayacucho

Por Comunicaciones - junio 5, 2021
Nobleza y coraje en Ayacucho

Era jovencita cuando sus padres acordaron su matrimonio con la familia de su futuro esposo. En aquella época, en Pomabamba, Ayacucho, los matrimonios se decidían sin el consentimiento de los hijos. Pero ella tuvo suerte: la etapa más feliz de su vida sucedió cuando formó su familia y vio crecer a sus seis hijos. Hoy, cuando ellos la visitan, se llenan de orgullo y alegría, pues ven que su madre, ahora viuda, sale adelante trabajando la tierra con sus propias manos, en un biohuerto de hortalizas y plantas medicinales que instaló en la parte trasera de su casa. Vende sus productos en ferias locales y, en el marco de Saberes Productivos, enseña cantos tradicionales, así como la preparación de comida típica.

“Mi nombre es Maura Atuncar Viuda de Garay. Tengo setenta años. Soy usuaria de Pensión 65 desde hace 3 años. Me gusta cantar Qarawi y también sembrar mis verduras, mis plantas medicinales, de eso vivo últimamente…”. Cuando era más joven, le gustaba cantar, bailar y, hasta antes de la pandemia, participaba en todas las festividades típicas de su pueblo, en la localidad de Pomabamba, del distrito de María Parado de Bellido, provincia de Cangallo, Ayacucho.

“Ahora soy una mujer sola, no tengo quién me ayude, ¡pero cuando era joven tenía fuerzas! Iba de peón a trabajar para otras personas, me ganaba mi platita, y con esa ganancia contrataba peones para preparar mi terreno…”. Hoy, cuando sus hijos la visitan, se llenan de orgullo y alegría, pues ven que su madre, ahora viuda, sale adelante trabajando la tierra con sus propias manos, en un biohuerto de hortalizas y plantas medicinales que instaló en la parte trasera de su casa.

Era jovencita cuando sus padres acordaron su matrimonio con la familia de su futuro esposo. En aquella época, en Pomabamba, Ayacucho, los matrimonios se decidían sin el consentimiento de los hijos. Pero ella tuvo suerte: la etapa más feliz de su vida sucedió cuando formó su familia y vio crecer a sus seis hijos. “La mayoría de mis hijos me han seguido los pasos; les gusta tocar la música tradicional de mi pueblo, ¡y a mis nietos también! Cantan y bailan en las fiestas tradicionales… Yo me siento orgullosa y alegre de mi cultura porque es lo que me enseñaron mis padres y antepasados; a mí me gusta enseñar a las nuevas generaciones, la música, el quechua…”, dice Maura.

Sus hijos la animaron a vender las hortalizas y las plantas medicinales de su biohuerto, y ahora las ofrece en la feria semanal de los días miércoles en Pampa Cangallo, donde la conocen como “Pomabambina”; los días viernes hace lo propio en la feria de su comunidad.

“Con el dinero que recibo de Pensión 65 puedo contratar a veces peones para que me ayuden en el huerto, les preparo alimentos; también compro jabón, comida, ¡recientemente me compré mi cama!”, dice Maura, entusiasta.

En Saberes Productivos empezó recordar los cantos del Qarawi; y eso fue lo que empezó a enseñar a otros adultos mayores, en las reuniones que se daban en los distritos de Chuschi y los Morochucos, además de la preparación de comida típica.

“Yo le pido a Dios, en primer lugar, seguir gozando de buena salud; salud para mi familia y para todas las personas que están enfermas, que están en las cárceles, para los ancianos; y que a los huérfanos no les falte un pan en su mesa… No hay que tenerle miedo a la muerte, Dios nos da la vida y algún día nos la va quitar; lo importante es disfrutar de la vida viviendo con alegría y dejando un buen ejemplo para las nuevas generaciones”.

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