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La música al otro lado del río

Por Comunicaciones - mayo 7, 2021
La música al otro lado del río

En La Banda del Shilcayo, en Tarapoto, vive un hombre de setenta años que lucha por mantener su cultura viva. Su abuelo tenía una banda de música tradicional y, en ocasiones, él reemplazaba a su padre tocando el pífano o el tambor, cuando era chico. Eso lo sacaba de los días rutinarios en la chacra. Sus nietos han crecido en la ciudad y él lamenta no haber podido enseñarles todo lo que sabe sobre la música como hubiese querido. Hoy, en el marco de Saberes Productivos, no solo transmite su cultura y conocimientos musicales a otros adultos mayores, sino también a las nuevas generaciones.   

Su madre no les leía cuentos antes de dormir porque no sabía leer. Cristóbal y sus hermanos no fueron a la escuela, por eso, como ella, tampoco sabían leer. “Pasábamos mucho tiempo en la chacra. Fue mi madre quien nos decía que teníamos que acordarnos de Dios cuando estábamos tristes; eso hacia yo, rezaba cuando estaba triste”, recuerda Cristóbal con una plácida sonrisa, hoy con setenta años a cuestas, en su humilde casa ubicada en La Banda del Shilcayo, en Tarapoto. “Tocar el pífano también me daba alegría; es más pequeño y delgado que la quena, tiene solo tres huequitos, siempre me emociona su dulce sonido…”.

“Yo era un joven de campo, estaba siempre en la chacra, pocas veces iba a los bailes a bailar… Solo iba cuando tenía que reemplazar a mi padre en la banda de música que tenía mi abuelo. En mi familia era necesario saber tocar un instrumento”, advierte Cristóbal Tapullima Tuanama, con ojos titilantes, y de su mente emergen, como en un sueño, las pandillas de las patronas, las velaciones de los santos y aniversarios del pueblo, fiestas tradicionales, mensajeras de sabiduría amazónica y ancestral. Don Cristóbal no solo toca también el tambor y el bombo, sino que construye sus instrumentos. Tiene 8 hijos. A ellos y a sus nietos, les ha enseñado (y enseña) su arte.

Del otro lado del río vino el amor. Cristóbal la observaba mientras trabajaba en la chacra, a lo lejos; ella también lo miraba, haciendo lo propio en la chacra de su familia. “Ella vivía con su familia al otro lado del río. En la comunidad, éramos pocas familias. Fue amor a primera vista… Ella me gustaba, era muy linda y pensaba que seríamos buenos padres para nuestros futuros hijos”, recuerda el músico amazónico.

Luego vinieron los hijos, “lo más bonito de ser padre es cuando juegas con tus niños, y te alegras con ellos”, dice. Pero los chicos crecen, empiezan a hacer solos sus cosas, luego se independizan y se van de la casa, “eso es lo más difícil de ser padres. A los hijos hay que enseñarles a ser educados, a respetar a las personas, y a ser solidarios. Pero sobre todo hay que enseñarles nuestra cultura, nuestro idioma, nuestros saberes, para que los practiquen como nosotros lo hicimos para sobrevivir; con nuestros saberes les dimos de comer, eso es algo que no deben olvidar… Mis nietos han crecido en la ciudad, no he podido enseñarles cómo hubiese querido todo lo que sé sobre el pífano, el tambor o el bombo, y eso a veces me pone triste… Yo estoy orgulloso de mi cultura, ¡somos cultura viva! De ahí venimos… La vida es linda, también el amor, por supuesto. Yo solo le pido a Dios que me mantenga con buena salud para poder ver crecer a mis nietos, verlos profesionales”.

Hoy, Cristóbal Tapullima Tuanama, en el marco de Saberes Productivos, no solo transmite su cultura y conocimientos musicales a otros adultos mayores –como en la reciente Feria de Producción para Adultos Mayores y Discapacitados, organizada por la Municipalidad Provincial de Lamas–, sino también a las futuras generaciones de su localidad.

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