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El último alfarero de Santa Rosa de Grau

Por Comunicaciones - junio 18, 2021
El último alfarero de Santa Rosa de Grau

De niño, gracias a sus padres, aprendió a ser agricultor, así como labores de pastoreo, en el distrito de Santa Rosa de Grau, donde nació, a más de 3 mil 500 metros de altura, en Apurímac. Pero también a trabajar la arcilla. Y así descubrió su vocación. A los treinta años, su esposa lo animó a comercializar sus ollas de barro, keros, jarrones y chombas, y se dio cuenta de que podía vivir de su arte. Su esposa y su hijo mayor fallecieron, y eso lo sumió en la más profunda tristeza. Pero su hija y sus nietos siguieron sus pasos. Y hoy, con noventa años a cuestas, hace equipo con ellos para continuar con su saber ancestral. 

Las manos del alfarero dan vida. Eso lo sabe bien Don Vidal Ccasa Chacaltana, quien desde los treinta años vive de su pasión: el arte de moldear la arcilla. Hoy tiene noventa años y sigue dándole formas a ollas de barro, keros, jarrones, chombas, vasijas y callanas, entre otras obras utilitarias y decorativas. Ya no escucha como antes y ha perdido la vista parcialmente; pero ahí está su hija Graciana y sus nietos, para ayudarle a continuar con su saber ancestral. En el distrito de Santa Rosa de Grau, donde nació, a más de 3 mil 500 metros de altura, en Apurímac, es el único alfarero que queda.

Las manos del alfarero dan vida. Pero Don Vidal sabe que ya no volverá a ver a su esposa Doña Marcosa Humani, así como a su hijo mayor, al menos no en esta dimensión terrenal. Cuando murieron, se sumió en una profunda tristeza, pero consiguió salir adelante con la ayuda de Graciana y sus nietos. Trabajar la arcilla, lo lleva inevitablemente a recordar a Doña Marcosa, y su corazón se ilumina y sus ojos centellean cuando sucede. “¡Ella fue la que me convenció a que venda mi arcilla! Yo tenía 30 años”, recuerda Don Vidal, riendo. “Íbamos en caballo a las distintas comunidades de Santa Rosa de Grau. Eso fue lo más bonito de mi vida. ¡Y también ver que mis productos se utilizaban en distintos lugares!”.

Pero antes de conocer a Doña Marcosa, cuando era aún más joven, viajó al Cusco; y en la institución educativa Santiago de Cusco, perfeccionó las técnicas para trabajar la arcilla. “Mis padres eran alfareros, aprendí de ellos a trabajar la arcilla, cuando era niño; pero también aprendí de mis padres a ser agricultor y el pastoreo”, dice Don Vidal. Al llegar la adolescencia, empezó a participar activamente en las fiestas patronales, en los carnavales, en las corridas de toros… “Lo que más me gustaba era cantar y participar en los preparativos de las fiestas patronales… Pero siempre estaba la arcilla presente… Lo mejor de trabajar con el barro es cuando no hay pérdidas durante el proceso de elaboración; lo más difícil es encontrar el punto óptimo de quemado”.

Don Vidal Ccasa Chacaltana ha ganado concursos de artesanía a nivel provincial, y las subvenciones que recibe de Pensión 65 le sirven para comprar los materiales necesarios para la labor de un alfarero. También ha enseñado en diversos colegios de Santa Rosa de Grau. “A mí me gusta enseñar el trabajo con la arcilla porque es mi pasión, porque sale de la tierra. Mi hija, y ahora mis nietos, han seguido mis pasos, y eso me hace muy feliz”.

 

 

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